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Cables submarinos: cómo la fibra óptica conecta el mundo entero

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Equipo NexoFibra

10 de mayo de 20265 min lectura

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Cada vez que abres un sitio web, envías un mensaje o ves un video en streaming, tu solicitud recorre miles de kilómetros en fracciones de segundo. Gran parte de ese viaje ocurre bajo el mar, a través de cables de fibra óptica que cruzan los océanos como una red invisible que nadie ve pero todos usamos.

¿Qué son los cables submarinos?

Son cables de fibra óptica protegidos por capas de acero y polietileno, con un diámetro similar al de una manguera de jardín, que se tienden en el fondo del océano entre continentes. Hoy existen más de 400 sistemas de cables submarinos activos en el mundo, con una longitud total superior a 1,3 millones de kilómetros. Llevan más del 95% de todo el tráfico de internet del planeta.

¿Cómo llega internet a Chile?

Chile está conectado al mundo principalmente a través de cables submarinos que llegan a la costa del Pacífico. Cables como el South American Crossing (SAC), el Pan American (PAC) y más recientemente el Humboldt —impulsado por Google y Meta— unen a Chile con Estados Unidos, Brasil, Perú y Asia. Cuando accedes a un servidor en Europa o en California, tu señal viaja desde tu casa hasta un nodo local, cruza los Andes por fibra terrestre, llega a la costa y de ahí se sumerge en el Pacífico para recorrer miles de kilómetros en milisegundos.

¿A qué velocidad viaja la señal?

La luz viaja dentro de la fibra óptica a aproximadamente 200.000 km/s, dos tercios de la velocidad de la luz en el vacío. Un cable submarino moderno puede transportar decenas de terabits por segundo, suficiente para transmitir millones de videollamadas simultáneas. La latencia entre Santiago y Los Ángeles por fibra submarina ronda los 150 milisegundos: un tiempo imperceptible para el ojo humano.

¿Qué pasa si se corta un cable?

Ocurre más seguido de lo que parece: anclas de barcos, terremotos submarinos o simplemente el desgaste pueden dañar un cable. Cuando eso pasa, barcos especializados en reparación son desplegados al punto exacto, un proceso que puede tardar semanas. Por eso los sistemas están diseñados con redundancia: si una ruta falla, el tráfico se redirige automáticamente por otra, sin que el usuario note nada.

La conexión empieza en tu casa

Todo este viaje intercontinental no sirve de nada si el último tramo, el que une tu hogar con la red, es débil. Esa es exactamente la misión de NexoFibra: ser el eslabón local que garantiza que la señal llegue a tu casa con la misma calidad con la que salió del cable submarino. Fibra óptica propia, sin intermediarios, desde el nodo hasta tu puerta.